La Responsabilidad Hispana: Retomar el Rumbo que Occidente Perdió en 1820
- Manuel Galán
- hace 13 minutos
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Occidente ha conocido solo dos civilizaciones capaces de poner orden real al mundo: Roma y la Hispana. Después de nosotros, solo ha habido caos disfrazado de progreso.
Esta no es nostalgia. Son hechos.
El Desastre de Dos Siglos

Desde 1820, dejamos Occidente en manos de locos. Y los resultados están a la vista.
Los franceses lo intentaron primero. ¿Qué aportaron? Prepotencia y arrogancia. Intentaron conquistar sin gobernar, sin poner orden, sin construir nada duradero. Pura vanidad imperial.
Luego llegaron los ingleses con su "orden liberal". Pero ese orden tiene una sola prioridad: lo económico. Primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, décima prioridad: economía. Solo al final, en la undécima posición empiezan otras consideraciones. Todo lo demás —cultura, humanidad, equilibrio social— queda subordinado al beneficio privado.
Los estadounidenses fueron aún peores. Guerra, bombas, extracción. No han traído al mundo otra cosa. Su legado es destrucción, no construcción.
¿La prueba? El patrimonio de la humanidad registrado por UNESCO. Roma y el mundo hispano construimos más de la mitad de todo el legado cultural que hoy valoramos. Los ingleses, estadounidenses, franceses, alemanes: prácticamente cero. No han dejado nada comparable. Nada que trascienda. Porque no tenían visión civilizatoria. Solo tenían ambición.
Lo Que Se Perdió
Cuando los hispanos abandonamos el liderazgo en 1820, Occidente perdió tres cosas fundamentales:
Primero, un sistema logístico global. España había montado una red que conectaba Asia con Europa, adaptada a su tiempo, pensada, ordenada. Desde entonces, nadie ha construido nada comparable. Por eso hoy no podemos competir con China: nos falta esa visión de sistema logístico planetario que nosotros sí tuvimos.
Segundo, equilibrio económico. A través de la Escuela de Salamanca, desarrollábamos un modelo que balanceaba economía pública y privada. Los anglosajones después solo desarrollaron lo privado. Su sistema elimina toda noción de bien común económico. Solo cuenta el beneficio individual. Y así nos va.
Tercero, ponderación equilibrada. Los hispanos sabíamos dar peso proporcional a lo económico, lo comercial, lo cultural, lo humano, lo espiritual. No todo era economía. No todo era poder militar. Sabíamos construir civilización completa, no solo riqueza extractiva.
Durante tres siglos lo hicimos perfectamente: comercio, cultura, tecnología, derecho, arte. Todo integrado. Todo con sentido.
Y lo dejamos caer.
Nuestra Responsabilidad
Los hispanos somos modestos. Tímidos. No somos prepotentes. Quizás ese es nuestro defecto: no valoramos lo que somos. Nuestra autoestima es baja. Pero ya no podemos permitirnos ese lujo.
No podemos seguir dejando Occidente en manos de quienes solo entienden de mercados o de bombas. No cuando tenemos dentro la única tradición civilizatoria occidental que realmente funcionó después de Roma.
No se trata de mandar. Se trata de influir. Con orgullo. Sin falsa modestia. En el orden mundial. Porque si no lo hacemos nosotros, ¿quién?
El Llamado
Esto va dirigido a todos los hispanos. De derechas o de izquierdas, da igual. De Europa o de América, da igual. A los doctores, intelectuales, artistas, escritores.
A todos los que llevan dentro el espíritu de las culturas del Mediterráneo.
A los que pueden entender tanto los valores del catolicismo —opuestos radicalmente al calvinismo economicista— como la visión estoica de Epicteto o Séneca.
A los que saben que la vida humana no se reduce a producción y consumo.
A los que entienden que una civilización necesita más que PIB y fuerza militar.
Tienen una responsabilidad: retomar el curso civilizatorio que abandonamos en 1820.
No para volver al pasado. Para evitar la catástrofe en Occidente. Para poder competir con el orden oriental que avanza con visión de siglos mientras nosotros seguimos con lógica trimestral. Para recuperar el equilibrio que Occidente perdió cuando dejó de escucharnos.
La Decisión
Roma puso orden durante siglos. Luego vinimos nosotros. Después de nosotros, solo ha habido desorden con buenos relaciones públicas.
Los hechos están claros. El patrimonio cultural está registrado. La historia no miente.
La pregunta es simple: ¿vamos a seguir siendo modestos mientras Occidente se desmorona? ¿O vamos a asumir nuestra responsabilidad histórica?
No necesitamos permiso de nadie. No necesitamos instituciones formales. No necesitamos territorio unificado. Solo necesitamos reconocer quiénes somos, qué representamos, y qué le debemos al mundo. Y actuar en consecuencia.
El rumbo se perdió en 1820. Llevamos dos siglos pagando el precio. Es hora de retomarlo.




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